Mindfulness, mucho más que meditar

 

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Mindfulness tiene mucho que ver con la práctica de la meditación budista. De ahí que se le atribuya una longevidad superior a los 2.500 años. Parar, tomar conciencia de la respiración, estar en el momento presente, observando los pensamientos con curiosidad, sin juicio, requiere indudablemente de un estado vital que lo permita y la meditación es la técnica y el instrumento que lo hace más factible

Ahora bien, Mindfulness debe ser mucho más que eso ya que de otra forma no estaría teniendo el desarrollo actual. Seguiría constreñido por las prácticas de los centros de meditación y Yoga, siendo muy popular entre sus visitantes y practicantes, pero no habría salido de sus paredes, ni alcanzado las cotas de repercusión actuales, que van desde las escuelas de primaria, hasta las empresas más punteras, aunque siempre haya excepciones, como la respuesta que me dio el responsable de Talento de una de las IBEX35 hace tres meses,  al ofrecerle introducirlo en su organización. Literalmente me dijo: “es algo que no contemplamos ni el el corto, ni el medio plazo” pensé en ese momento y sigo haciéndolo que “el señor X” estaba muy equivocado.

Mindfulness no es una “commodity” más, muy al contrario es ya una necesidad imperiosa en toda organización.  Esta práctica milenaria conoce un esplendor sin precedentes y tiene un futuro por delante maravilloso. Hace poco leí un articulo de Goleman en el que consideraba Mindfulness como imprescindible para el desarrollo de la Inteligencia Emocional (EI). Al ser Goleman el gran abanderado mundial de (EI) podríamos pensar que se trata de una declaración ventajista,  la realidad es bien distinta, ya que Goleman forma parte del grupo de expertos en la materia junto a Davidson o Kabat Zinn, no es un recién llegado por tanto, y tiene mucha razón en opinar que para poder reconocer, modular y gestionar nuestras emociones necesitamos parar y observar con curiosidad, sin juicio, nuestros pensamientos, actitudes y comportamientos.

De cara a una empresa tener líderes conscientes, es decir emocionalmente trabajados, es ya una necesidad. Les dota de habilidades y competencias necesarias en entornos como los actuales. Ser empático, creativo, didáctico, asociativo o colaborativo no es una moda. El trabajo del siglo XX ya no existe, no al menos como lo concebimos los 40+, primero de nuestros padres y luego por la evidencia empírica de nuestros trabajos.

Los entornos son dinámicos y cambiantes y requieren respuestas diferentes, los puestos de trabajo no son fijos desde el punto de vista físico, sino virtuales en muchos casos, los equipos son modulables, e intercambiables en función de los objetivos por proyectos, técnicas como Design thinking proponen lanzar productos y servicios con filosofía prueba/error. En este contexto, los empleados de la nueva era industrial,  no pueden ser  gestionados de la misma manera a como lo eran antes. Sus necesidades y anhelos son diferentes y lo que es más importante los de la propia empresa para poder sobrevivir más. Una empresa en estado vegetativo es aquella que presenta crecimiento cero o leve retroceso cada año. ¿Cuantas empresas así existen hoy en día?

Los trabajos repetitivos y rutinarios, realizados por trabajadores anodinos y aburridos por la reiteración de sus funciones ya no existen, corren además el riesgo real de ser sustituidos por robots mucho antes de lo que pensamos. Es el tiempo de innovar de crear y de gestionar equipos que puedan sacar todo su rendimiento y potencial. ¿Puede realizar esta gestión un directivo no consciente? Yo sinceramente no lo creo. ¿Se puede motivar, apoyar, liderar desde técnicas puramente mentales sin inteligencia emocional? Nuevamente debo decir que lo dudo mucho. Por tanto es la propia sociedad la que ha cambiado y la que demanda a gritos líderes con habilidades y competencias emocionales, es decir, líderes conscientes.

Mindfulness no es un anglicismo más que este de moda porque suene “cool”  es una poderosa herramienta a nuestra disposición para poder adquirir las competencias emocionales que los nuevos tiempos demandan. Creo que en breve todos los “señores X” se darán cuenta de esta imparable realidad.