Vivir con miedo

 

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El Badminton es un deporte dominado históricamente por las asiáticas, especialmente las Chinas. El Mundial se lleva disputando anualmente desde 1977 y el 80% de victorias es de jugadoras Chinas. En el viejo continente un peldaño por debajo de las jugadoras Chinas el dominio era de las Nórdicas, sobre todo Danesas. En este contexto aparece una Españolita de Huelva y entra en la historia del deporte por la puerta grande.

Carolina  Marín acaba de aterrizar en España con su flamante tercer oro mundial colgado del cuello. Los dos primeros los ganó consecutivamente en 2014 y 2015 y cuando parecía que el ocaso había llegado, los resultados en los últimos campeonatos no eran buenos, nos ha sorprendido a todos, al convertirse en la primera mujer en alzar la corona por tercera vez.

Entrevistado a pie de aeropuerto Fernando Rivas que entrena a Carolina desde los 14 años ha dicho lo siguiente: ” Ha sido un mes intenso, tras la vuelta de Malasia, tuvimos una profunda conversación sobre lo que estaba pasando desde hacía dos años. El problema era el miedo y Carolina tuvo que asumirlo y entenderlo”

Carolina estaba a punto de tirar la toalla. El deporte del badmintón tiene mucho de reflejos y Carolina pensaba que por la edad, 25 años, quien los pillara, ya los había perdido. Esto le hizo entrar en una crisis de confianza y el miedo que nos acecha en cada esquina, presto para atacar, apareció para limitarla en su juego, esa vocecita interna que nos acompaña y que se alimenta de nuestros miedos y frustraciones le susurró al oído,  que ya no era lo suficientemente buena y empezó a minarle la confianza, como la gota de tortura China, lenta pero implacable.  Es curioso que su reconocido ídolo, Rafael Nadal, otro icono patrio, pasó por un episodio parecido y ahora está de vuelta también en lo más alto.

El miedo es compañero de viaje de todos nosotros, forma parte de  nuestra vida. Estamos en disposición de convivir con él con normalidad cuando lo reconocemos. Lo peor que podemos hacer es negarlo y tratar de ocultarlo. Quizás podamos disimular ante los demás ese ligero temblor de manos o de voz, cuando la amígdala, centro neuronal receptor y potenciador de nuestros miedos, toma el control, pero nunca podremos engañarnos a nosotros mismos. Vivir con miedo es morir de “a poquito” , recurro de nuevo a la métafora de la gota China porque es un golpeo constante, que horada nuestra confianza, hasta hacernos profundamente infelices.

Si no lo miramos cara a cara, no podremos combatirlo. No creo sinceramente que debamos vencerlo. El miedo es una emoción más, que como el resto de emociones, proviene de e-movere, nos predispone para la acción y esta activación orgánica general puede ser buena en momentos puntuales. Recuerdo una entrevista de Sardá, cuando estaba en la cresta de la ola con su programa Crónicas Marcianas, donde reconocía que el minuto antes de entrar en plató, sentía miedo, ocurrió en todos y cada uno de los miles de programas que grabó. Ese miedo puntual, activaba  sus recursos y le predisponía a la acción de lo que a continuación iba a ocurrir en el programa.

El miedo y la infelicidad desde mi punto de vista, van de la mano y están matemáticamente correlacionados, hasta el punto de que nuestra mayor o menor felicidad depende de nuestra capacidad de Reconocerlo, Integrarlo y Gestionarlo.

Por interés profesional y necesidad vital,  he leído mucho acerca de la felicidad, y me gusta la visión Budista donde se reconoce que la felicidad es el camino más que el destino final. El medio más que el fin. Frente a una visión más Aristotélica de ver la felicidad como un propósito. Ambas corrientes coinciden eso sí en que la felicidad no es la satisfacción de un deseo o un momento puntual de placer. Es algo más profundo, permanente y relacionado con la necesidad de trascendencia del ser humano.

Hace poco me preguntaban que era para mí la felicidad y de manera espontánea me salió lo siguiente: ” Tener mis demonios a buen recaudo” . Mi visión particular de la felicidad, tendría por tanto mucho que ver con el reverso de la misma,  el miedo, el yin y el yang,  los contrastes, soy feliz cuando miro cara a cara a mis miedos, los gestiono, los integro y hasta cierto punto los abrazo con cariño porque son parte de la propia vida.

Vivamos por tanto con normalidad nuestros miedos, observándolos, reconociéndolos y entendiendo que las personas felices no son las que siempre deben estar sonriendo, que gran falacia, sino aquellas que saben encontrar la actitud adecuada, ante los retos que la vida va lanzando a nuestro paso.

Momento histórico: 5 generaciones a la vez

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Estamos viviendo un momento único en la historia donde coinciden en los entornos laborales 5 generaciones con rasgos marcados que hacen que sean diferentes entre sí. Es indudable que la innovación tecnológica ha modificado nuestra manera de comunicarnos, de relacionarnos y en definitiva nuestros hábitos y costumbres a la hora de socializar e incluso de trabajar.

Este momento histórico que nos toca vivir, alumbra la cuarta de las revoluciones industriales. Desde el nacimiento de la máquina de vapor, que marcaría el paso de los entornos agrícolas a las fábricas, se han necesitado más de 100 años para llegar hasta aquí. Sin embargo,  la velocidad a la que actualmente se producen los cambios, por los avances tecnológicos, hace que a duras penas seamos capaces de poder digerirlos.

La sociedad, es fiel reflejo de la realidad que nos rodea, y sus generaciones muestran por tanto una serie de rasgos que son coincidentes entre si. En la generación a la que yo pertenezco,  generación X , no disponíamos de medios informáticos, era el nacimiento de los primeros Atari,  y de los icónicos Commodore 64, en honor  a los 64 kilobytes de información que tenían. Ni una foto de hoy en día, requiere de tan poco espacio de almacenamiento.

Se considera que los Zentennials la generación que empieza ahora a incorporarse al mercado de trabajo miran el dispositivo móvil cada 6 segundos, mientras que los Milennials la generación inmediatamente anterior, lo hace en más del doble de tiempo, cada 15 segundos.  Los de mi generación no podemos salir de casa sin el móvil pero podemos llegar a pasar una hora sin mirarlo. Un Baby boomer podría incluso salir de casa sin él mientras que para un tradicional lo raro es hacerlo con este “artilugio” en los bolsillos. Este hecho que parece anecdótico demuestra hasta que punto estamos condicionados por la tecnología y la innovación, las diferentes generaciones que confluimos hoy en día.

Si una empresa quiere crear un entorno que favorezca la Felicidad organizacional deberá por tanto entender esta circunstancia  y comprender esta realidad. De no hacerlo los conflictos intergeneracionales estarán garantizados.  Veamos lo que caracteriza a cada una de las generaciones:

  1. Veteranos / Tradicionales: Nacidos antes del final de la segunda guerra mundial entre 1929 y 1942. Prácticamente jubilados, los que todavía no disfrutan de ese estatus es porque son propietarios de empresa o han alargado con la consultoría o la formación su horizonte laboral. Recomiendo la película el Becario con el siempre genial Robert de Niro, para entender lo que supone ese salto generacional. Desde la vestimenta, Robert de Niro se mantiene fiel al traje y la corbata, hasta rutinas y accesorios nos muestran lo diferente, e incluso me atrevería a decir exótico, que resulta un “tradicional” en un entorno puramente “start up”. Se caracterizan por el trabajo duro y el sacrificio ya que proceden de una época de carestías.  Muestran gran respeto a la autoridad y son muy tradicionales y firmes en sus creencias y valores.
  2. Baby Boomers: Nacidos justo después de la Segunda guerra mundial entre 1943 y 1965. Se les denomina así por este motivo, ya que el final del conflicto disparó los nacimientos. Se caracterizan por una ética de trabajo muy fuerte, son los “workoholics”, ya que el trabajo les da mucho sentido a su vida. Nos obstante lo anterior son capaces de buscar una cierta calidad de vida. Son muy válidos para el trabajo en equipo. Respetan la autoridad y comienzan a cuestionarse algunas de las creencias y valores heredados de la generación anterior.
  3. Generación X: Entre 1966 y 1980. Se nos conoce como la generación bisagra. Hemos nacido sin tecnología pero la hemos aprendido y nos hemos adaptado a ella con una cierta naturalidad. Somos claves para aunar e integrar a generaciones anteriores con posteriores. Demandamos líderes diferentes que se hayan ganado el estatus por la vida del “potestas” no del “autoritas”. Deben ganarse nuestro respeto no imponerlo.
  4. Generación Y: Los famosos Millennials nacidos entre 1981 y 1995. Se estima que para 2025, el 50% de la fuerza de trabajo estará integrada por esta generación, por lo que el estudio de sus características diferenciales se ha convertido en fundamental. Son expertos en tecnología y valoran muchísimo, aspectos como la flexibilidad laboral y la conciliación. Necesitan que el proyecto les motive por eso no les vale cualquier trabajo ni cualquier empresa. Piden que estas tengan una responsabilidad social, un objetivo y un sentido. Muestran una gran creatividad y son capaces de hacer varias cosas a la vez “Multitaskers”. Demandan líderes comprometidos, empáticos y dialogantes.
  5. Generación Z: Empiezan a incorporarse ahora al mercado de trabajo por lo que todavía no se dispone de mucha información sobre sus características laborales. Son los nacidos a partir de 1996. Sí sabemos de ellos, que son los verdaderos nativos digitales, hasta el punto de no poder concebir su vida sin un dispositivo móvil entre las manos. Muestran muy poca paciencia ya que requieren de estímulos permanentes. Son muy inquietos y tienen un lado social muy desarrollado. Muy comprometidos. Empresas tradicionales como conocidas consultoras, auditoras de las denominadas “Big 4”, despachos clásicos de abogados no parecen resultarles atractivos como potenciales lugares de trabajo.

Estos serían por tanto los rasgos más característicos de cada generación. La convivencia de todas ellas en la empresa, es un reto para los departamentos de gestión de personas que deben encontrar los mecanismos para atraer y retener talento y facilitar su relación y cohesión en el día a día. En este sentido crear un entorno organizativo feliz y saludable será requisito imprescindible en pos de ese objetivo.

Puedes leer más sobre #felicidadorganizacional y el #MétodoHAW en http://metodohaw.isavia.com/?page_id=65

 

 

7 consejos para una vida más feliz según filosofía Hygge

woman-girl-freedom-happy-39853Hygge es una palabra Danesa que no tiene una traducción concreta porque expresa un estado personal, vital y emocional. Los Daneses la utilizan a menudo con una declinación que puede servir de adjetivo y a veces incluso de verbo. En el fondo quieren recoger con ella acciones y momentos de Felicidad.

Una comida Hyggelig, un estado Hyggelig o un paseo Hygge, son actividades diarias para cualquiera de nosotros donde el matiz se pone en el cómo y no en el qué. Es más importante cómo doy el paseo, cómo me alimento o cómo estoy, que la propia acción en si. Lo que hay por tanto detrás de este concepto es una filosofía de vida que tiene mucho que ver con Mindfulness.  Estar en el momento presente con atención plena y disfrutando.

Si describo una imagen concreta será más fácil de entender.  Os invito a pensar en una casa con un sofá y una chimenea encendida, sobre el sofá un par de mantas y en mi mano una taza de chocolate bien caliente mientras por la ventana caen los primeros copos de nieve. Ese sería visualmente un momento de felicidad Hygge.  Esta filosofía de vida, nos habla de simplificar y buscar la felicidad en los pequeños detalles. Es cuidar el momento presente poniendo plena conciencia en él. Por eso tiene tanto que ver con Mindfulness donde se entrena  esa  presencia para poder disfrutar de una manera más plena de la vida.

Tiene carácter universal también ya que el mismo momento de plenitud Hygge se puede vivir paseando por el campo en nuestra árida Castilla o en el mejor resort de Ski del mundo. Es cuestión de actitud, de poder disfrutar de verdad de lo que se tiene, sea mucho o poco. He conocido personas muy ricas en el plano económico pero infelices en su vida personal y personas humildes que te invitan a cenar, encienden una vela y ya han creado un momento mágico Hygge. Todo lo que vendrá después quedará grabado en el corazón para siempre, las risas, las confidencias, la propia conversación.

¿Cuantas veces has estado en una conversación sin estar presente, en una comida sin prestar atención a tu interlocutor,  o en un paisaje o lugar idílico sin disfrutar del mismo?

Aquí te dejo 7 consejos que puedes aplicar en tu día a día para llevar una vida más plena, más feliz, más Hygge.

  • Aliméntate con conciencia, no permitas que la mente divague mientras comes sin prestar atención.
  •  Haz ejercicio, no es necesario ir al gimnasio, el movimiento es vida y para ello un simple paseo es suficiente. Oxigenamos el cuerpo y la mente con ello.
  • Escucha con presencia, prestando atención a tu interlocutor no pensando que es lo que siguiente que debes decir. Cuanto más relajado estés más fluirá la conversación. Previamente debes haber apagado o silenciado el móvil.
  • Cuida los detalles, el contexto crea el texto . Seguro que la imagen evocadora de antes te ha transportado a un momento de paz y felicidad. Compra velas. En Dinamarca todos los restaurantes tienen luces indirectas y velas. Recuerda el contexto es importante.
  • Respira, todos lo hacemos de manera automática porque sino nos moriríamos, la clave está en tomarnos unos minutos al día para observar nuestra respiración intentando alargar las inspiraciones  y las espiraciones.
  • Baja las revoluciones, disfruta de los momentos tal y como surgen dejando a un lado los “tengo que”.
  • No te juzgues tan duramente ni lo hagas con los demás, en el fondo todos hemos venido a intentar ser felices. “Cada persona que ves está luchando una batalla de la que no sabemos nada. Seamos amables” .

Nuevo Paradigma, nueva cultura digital

pexels-photo-595804.jpegUn paradigma es un conjunto de creencias y valores que sustentan un conocimiento. Pues bien, todo el mundo ha asumido ya con naturalidad, que estamos en un cambio de paradigma, donde el nuevo conocimiento está marcado por la tecnología.

La digitalización es el gran artífice de lo que se conoce como “cuarta revolución industrial”. Cierto que en la tercera aparece ya la tecnología para los procesos de automatización en las fábricas con los primeros ordenadores y servidores,  pero la capacidad de interconexión de dispositivos permite un salto cualitativo y cuantitativo en la manera de producir bienes y servicios, de llevarlos al mercado y de ser éstos consumidos. La propia figura de consumidor ha cambiado y se habla del “prosumer” es decir proveedor y consumidor a la vez. Pensar por ejemplo en un consumidor de alojamiento turístico para el verano con su familia, que es a la vez proveedor,  porque tiene una casa familiar en alquiler en un entorno rural heredada y que comercializa a través de plataformas on line como Airbnb o Booking. Lógicamente este consumidor que es a la vez proveedor tiene un conocimiento del producto y mercado muy superior al de un consumidor sin más y por lo tanto la estrategia de marketing encaminada a motivarle hacia la compra debe ser distinta.

Esta era tecnológica, tiene como todo en la vida sus ventajas e inconvenientes. Las ventajas son obvias y tienen que ver con la mejora de la calidad de nuestra vida personal y profesional. Nadie se plantea ahora una empresa sin email y sofisticadas plataformas de gestión de clientes (CRM), procesos (ERP) o entornos web (CMS). Tampoco concebimos la vida sin teléfono móvil, Apps de geolocalización, reserva de restaurantes, Ocio y cultura y ya estamos preparándonos psicológicamente para la llegada del internet de las cosas (IOT) que es el eufemismo con el que definimos la entrada de la tecnología en toda nuestra vida cotidiana, desde encender una luz, hasta calentar el fuego, programar la calefacción y la nevera y tantas aplicaciones que ahora mismo tan sólo podemos llegar a intuir.

Por la parte menos positiva tenemos la dificultad de adaptarnos a la velocidad  a la que se está produciendo todo este cambio, sin precedentes en la vida moderna, ya que el paso de la era agrícola a la industrial fue paulatino y motivado por la irrupción de la máquina de vapor, la segunda revolución industrial tuvo el lógico reflejo de necesitar reordenar los recursos sobre todo humanos que en masa pasaron del campo a entornos productivos fabriles y la tercera revolución surge con la llegada de los primeros ordenadores e internet. El salto a la cuarta ha sido brutal y está dominado por la digitalización en mayúsculas en todos los ámbitos de nuestra vida.

Un entorno así requiere de una adaptación y cambio de cultura.

En sociología y psicología, un cambio de cultura se define  como el proceso por el cual un grupo o un individuo modifican sus patrones de comportamiento para ajustarse a las normas imperantes en el medio social en el que se mueven. Al adaptarse, un sujeto abandona hábitos o prácticas que formaban parte de su comportamiento, pero que están negativamente evaluadas en el nuevo ámbito al que desea integrarse, y eventualmente adquiere otros en consonancia con las expectativas que se tienen de su nuevo  rol.  La adaptación, en este sentido, es una forma de socialización secundaria, ya que opera tomando como base las habilidades sociales con las que el sujeto ya cuenta.

Debemos por tanto modificar nuestros patrones de comportamiento para poder adaptarnos a esta nueva realidad dominada por la tecnología. Como dijo hace mucho tiempo Charles Darwin “no sobreviven los más fuertes sino los que mejor saben adaptarse al medio”. Tendremos que adquirir las competencias y habilidades que nos permitan adaptarnos a este nuevo medio tecnológico.

De todas las competencias que necesitamos adquirir para adaptarnos a este nuevo entorno social, destacaría las emocionales. Por no hacer muy largo este post lo dejo ahí pero en el siguiente entraré más en detalle de las nuevas competencias y habilidades digitales que a mi juicio demanda este nuevo paradigma.

 

Mindfulness, mucho más que meditar

 

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Mindfulness tiene mucho que ver con la práctica de la meditación budista. De ahí que se le atribuya una longevidad superior a los 2.500 años. Parar, tomar conciencia de la respiración, estar en el momento presente, observando los pensamientos con curiosidad, sin juicio, requiere indudablemente de un estado vital que lo permita y la meditación es la técnica y el instrumento que lo hace más factible

Ahora bien, Mindfulness debe ser mucho más que eso ya que de otra forma no estaría teniendo el desarrollo actual. Seguiría constreñido por las prácticas de los centros de meditación y Yoga, siendo muy popular entre sus visitantes y practicantes, pero no habría salido de sus paredes, ni alcanzado las cotas de repercusión actuales, que van desde las escuelas de primaria, hasta las empresas más punteras, aunque siempre haya excepciones, como la respuesta que me dio el responsable de Talento de una de las IBEX35 hace tres meses,  al ofrecerle introducirlo en su organización. Literalmente me dijo: “es algo que no contemplamos ni el el corto, ni el medio plazo” pensé en ese momento y sigo haciéndolo que “el señor X” estaba muy equivocado.

Mindfulness no es una “commodity” más, muy al contrario es ya una necesidad imperiosa en toda organización.  Esta práctica milenaria conoce un esplendor sin precedentes y tiene un futuro por delante maravilloso. Hace poco leí un articulo de Goleman en el que consideraba Mindfulness como imprescindible para el desarrollo de la Inteligencia Emocional (EI). Al ser Goleman el gran abanderado mundial de (EI) podríamos pensar que se trata de una declaración ventajista,  la realidad es bien distinta, ya que Goleman forma parte del grupo de expertos en la materia junto a Davidson o Kabat Zinn, no es un recién llegado por tanto, y tiene mucha razón en opinar que para poder reconocer, modular y gestionar nuestras emociones necesitamos parar y observar con curiosidad, sin juicio, nuestros pensamientos, actitudes y comportamientos.

De cara a una empresa tener líderes conscientes, es decir emocionalmente trabajados, es ya una necesidad. Les dota de habilidades y competencias necesarias en entornos como los actuales. Ser empático, creativo, didáctico, asociativo o colaborativo no es una moda. El trabajo del siglo XX ya no existe, no al menos como lo concebimos los 40+, primero de nuestros padres y luego por la evidencia empírica de nuestros trabajos.

Los entornos son dinámicos y cambiantes y requieren respuestas diferentes, los puestos de trabajo no son fijos desde el punto de vista físico, sino virtuales en muchos casos, los equipos son modulables, e intercambiables en función de los objetivos por proyectos, técnicas como Design thinking proponen lanzar productos y servicios con filosofía prueba/error. En este contexto, los empleados de la nueva era industrial,  no pueden ser  gestionados de la misma manera a como lo eran antes. Sus necesidades y anhelos son diferentes y lo que es más importante los de la propia empresa para poder sobrevivir más. Una empresa en estado vegetativo es aquella que presenta crecimiento cero o leve retroceso cada año. ¿Cuantas empresas así existen hoy en día?

Los trabajos repetitivos y rutinarios, realizados por trabajadores anodinos y aburridos por la reiteración de sus funciones ya no existen, corren además el riesgo real de ser sustituidos por robots mucho antes de lo que pensamos. Es el tiempo de innovar de crear y de gestionar equipos que puedan sacar todo su rendimiento y potencial. ¿Puede realizar esta gestión un directivo no consciente? Yo sinceramente no lo creo. ¿Se puede motivar, apoyar, liderar desde técnicas puramente mentales sin inteligencia emocional? Nuevamente debo decir que lo dudo mucho. Por tanto es la propia sociedad la que ha cambiado y la que demanda a gritos líderes con habilidades y competencias emocionales, es decir, líderes conscientes.

Mindfulness no es un anglicismo más que este de moda porque suene “cool”  es una poderosa herramienta a nuestra disposición para poder adquirir las competencias emocionales que los nuevos tiempos demandan. Creo que en breve todos los “señores X” se darán cuenta de esta imparable realidad.