Nuevo Paradigma, nueva cultura digital

pexels-photo-595804.jpegUn paradigma es un conjunto de creencias y valores que sustentan un conocimiento. Pues bien, todo el mundo ha asumido ya con naturalidad, que estamos en un cambio de paradigma, donde el nuevo conocimiento está marcado por la tecnología.

La digitalización es el gran artífice de lo que se conoce como “cuarta revolución industrial”. Cierto que en la tercera aparece ya la tecnología para los procesos de automatización en las fábricas con los primeros ordenadores y servidores,  pero la capacidad de interconexión de dispositivos permite un salto cualitativo y cuantitativo en la manera de producir bienes y servicios, de llevarlos al mercado y de ser éstos consumidos. La propia figura de consumidor ha cambiado y se habla del “prosumer” es decir proveedor y consumidor a la vez. Pensar por ejemplo en un consumidor de alojamiento turístico para el verano con su familia, que es a la vez proveedor,  porque tiene una casa familiar en alquiler en un entorno rural heredada y que comercializa a través de plataformas on line como Airbnb o Booking. Lógicamente este consumidor que es a la vez proveedor tiene un conocimiento del producto y mercado muy superior al de un consumidor sin más y por lo tanto la estrategia de marketing encaminada a motivarle hacia la compra debe ser distinta.

Esta era tecnológica, tiene como todo en la vida sus ventajas e inconvenientes. Las ventajas son obvias y tienen que ver con la mejora de la calidad de nuestra vida personal y profesional. Nadie se plantea ahora una empresa sin email y sofisticadas plataformas de gestión de clientes (CRM), procesos (ERP) o entornos web (CMS). Tampoco concebimos la vida sin teléfono móvil, Apps de geolocalización, reserva de restaurantes, Ocio y cultura y ya estamos preparándonos psicológicamente para la llegada del internet de las cosas (IOT) que es el eufemismo con el que definimos la entrada de la tecnología en toda nuestra vida cotidiana, desde encender una luz, hasta calentar el fuego, programar la calefacción y la nevera y tantas aplicaciones que ahora mismo tan sólo podemos llegar a intuir.

Por la parte menos positiva tenemos la dificultad de adaptarnos a la velocidad  a la que se está produciendo todo este cambio, sin precedentes en la vida moderna, ya que el paso de la era agrícola a la industrial fue paulatino y motivado por la irrupción de la máquina de vapor, la segunda revolución industrial tuvo el lógico reflejo de necesitar reordenar los recursos sobre todo humanos que en masa pasaron del campo a entornos productivos fabriles y la tercera revolución surge con la llegada de los primeros ordenadores e internet. El salto a la cuarta ha sido brutal y está dominado por la digitalización en mayúsculas en todos los ámbitos de nuestra vida.

Un entorno así requiere de una adaptación y cambio de cultura.

En sociología y psicología, un cambio de cultura se define  como el proceso por el cual un grupo o un individuo modifican sus patrones de comportamiento para ajustarse a las normas imperantes en el medio social en el que se mueven. Al adaptarse, un sujeto abandona hábitos o prácticas que formaban parte de su comportamiento, pero que están negativamente evaluadas en el nuevo ámbito al que desea integrarse, y eventualmente adquiere otros en consonancia con las expectativas que se tienen de su nuevo  rol.  La adaptación, en este sentido, es una forma de socialización secundaria, ya que opera tomando como base las habilidades sociales con las que el sujeto ya cuenta.

Debemos por tanto modificar nuestros patrones de comportamiento para poder adaptarnos a esta nueva realidad dominada por la tecnología. Como dijo hace mucho tiempo Charles Darwin “no sobreviven los más fuertes sino los que mejor saben adaptarse al medio”. Tendremos que adquirir las competencias y habilidades que nos permitan adaptarnos a este nuevo medio tecnológico.

De todas las competencias que necesitamos adquirir para adaptarnos a este nuevo entorno social, destacaría las emocionales. Por no hacer muy largo este post lo dejo ahí pero en el siguiente entraré más en detalle de las nuevas competencias y habilidades digitales que a mi juicio demanda este nuevo paradigma.

 

Mindfulness, mucho más que meditar

 

TuendeBede / Pixabay

Mindfulness tiene mucho que ver con la práctica de la meditación budista. De ahí que se le atribuya una longevidad superior a los 2.500 años. Parar, tomar conciencia de la respiración, estar en el momento presente, observando los pensamientos con curiosidad, sin juicio, requiere indudablemente de un estado vital que lo permita y la meditación es la técnica y el instrumento que lo hace más factible

Ahora bien, Mindfulness debe ser mucho más que eso ya que de otra forma no estaría teniendo el desarrollo actual. Seguiría constreñido por las prácticas de los centros de meditación y Yoga, siendo muy popular entre sus visitantes y practicantes, pero no habría salido de sus paredes, ni alcanzado las cotas de repercusión actuales, que van desde las escuelas de primaria, hasta las empresas más punteras, aunque siempre haya excepciones, como la respuesta que me dio el responsable de Talento de una de las IBEX35 hace tres meses,  al ofrecerle introducirlo en su organización. Literalmente me dijo: “es algo que no contemplamos ni el el corto, ni el medio plazo” pensé en ese momento y sigo haciéndolo que “el señor X” estaba muy equivocado.

Mindfulness no es una “commodity” más, muy al contrario es ya una necesidad imperiosa en toda organización.  Esta práctica milenaria conoce un esplendor sin precedentes y tiene un futuro por delante maravilloso. Hace poco leí un articulo de Goleman en el que consideraba Mindfulness como imprescindible para el desarrollo de la Inteligencia Emocional (EI). Al ser Goleman el gran abanderado mundial de (EI) podríamos pensar que se trata de una declaración ventajista,  la realidad es bien distinta, ya que Goleman forma parte del grupo de expertos en la materia junto a Davidson o Kabat Zinn, no es un recién llegado por tanto, y tiene mucha razón en opinar que para poder reconocer, modular y gestionar nuestras emociones necesitamos parar y observar con curiosidad, sin juicio, nuestros pensamientos, actitudes y comportamientos.

De cara a una empresa tener líderes conscientes, es decir emocionalmente trabajados, es ya una necesidad. Les dota de habilidades y competencias necesarias en entornos como los actuales. Ser empático, creativo, didáctico, asociativo o colaborativo no es una moda. El trabajo del siglo XX ya no existe, no al menos como lo concebimos los 40+, primero de nuestros padres y luego por la evidencia empírica de nuestros trabajos.

Los entornos son dinámicos y cambiantes y requieren respuestas diferentes, los puestos de trabajo no son fijos desde el punto de vista físico, sino virtuales en muchos casos, los equipos son modulables, e intercambiables en función de los objetivos por proyectos, técnicas como Design thinking proponen lanzar productos y servicios con filosofía prueba/error. En este contexto, los empleados de la nueva era industrial,  no pueden ser  gestionados de la misma manera a como lo eran antes. Sus necesidades y anhelos son diferentes y lo que es más importante los de la propia empresa para poder sobrevivir más. Una empresa en estado vegetativo es aquella que presenta crecimiento cero o leve retroceso cada año. ¿Cuantas empresas así existen hoy en día?

Los trabajos repetitivos y rutinarios, realizados por trabajadores anodinos y aburridos por la reiteración de sus funciones ya no existen, corren además el riesgo real de ser sustituidos por robots mucho antes de lo que pensamos. Es el tiempo de innovar de crear y de gestionar equipos que puedan sacar todo su rendimiento y potencial. ¿Puede realizar esta gestión un directivo no consciente? Yo sinceramente no lo creo. ¿Se puede motivar, apoyar, liderar desde técnicas puramente mentales sin inteligencia emocional? Nuevamente debo decir que lo dudo mucho. Por tanto es la propia sociedad la que ha cambiado y la que demanda a gritos líderes con habilidades y competencias emocionales, es decir, líderes conscientes.

Mindfulness no es un anglicismo más que este de moda porque suene “cool”  es una poderosa herramienta a nuestra disposición para poder adquirir las competencias emocionales que los nuevos tiempos demandan. Creo que en breve todos los “señores X” se darán cuenta de esta imparable realidad.

¿Que es la 4ª revolución industrial?

geralt / Pixabay

También denominada era del conocimiento  se caracteriza porque los entornos empresariales no son predeterminados ni predeterminables, al contrario,  son cambiantes, ambiguos y tremendamente complejos.

VUCA cuyo acrónimo en Inglés es:  Volatile, Uncertain, Complex and Ambiguous se ha popularizo como el término más preciso a la hora de definir el marco en el que las empresas desarrollan actualmente su actividad. Me gusta encontrar un paralelismo entre sociedad y economía. De hecho mi evolución profesional me lleva cada vez más a mezclar ambos campos. Así disfruto de mis clases de economía en la escuela y de mis labores más inspiraciones y de desarrollo personal como Coach y Mentor fuera del ámbito académico.

Economía y sociedad, por tanto,  han ido de la mano. En la época agrícola la economía era prácticamente de auto-abastecimiento con  pequeños excedentes destinados al trueque, lo que conformaba una sociedad con las necesidades muy orientadas a la supervivencia y la seguridad. Con la época industrial los centros productivos se trasladan del campo a las ciudades y aparecen otro tipo de necesidades más afiliativas y de pertenencia. Se crean las primeras asociaciones y sindicatos donde poder canalizar esta actividad más relacional. Con la llegada de la era del conocimiento y sumiendo que tenemos cubiertas las necesidades anteriores, tal y como estableció Abraham Maslow, el acento se pone en otro tipo de necesidades más inspiracionales que tendrían que ver con el reconocimiento y la autorealización.

Recientes estudios sobre Millennials  demuestran que su principal motivador para trabajar no es económico. Muy al contrario tiene más que ver con el impacto que la empresa donde pudieran trabajar tiene en la sociedad, así como su contribución personal en este ecosistema. Buscan de alguna manera la autorealización en el trabajo lo que les permite ser selectivos a la hora de elegir empresa.

Ayer leía un artículo muy interesante del creador de Alibaba, con el que no puedo estar más de acuerdo. Por ponerlo en contexto,  este señor ha creado de la nada un imperio que compite en valoración económica ya con los principales monstruos de la distribución. Su tesis es que en el entorno actual lo más importante no es el IQ (coeficiente intelectual) sino el IE (coeficiente emocional). La economía ha cambiado, estos entornos altamente volátiles precisan de otro tipo de valores sociales. El reconocimiento y la autorealización, necesidades básicas a satisfacer por las empresas, si quieren atraer y retener talento hoy en día,  requieren de grandes dosis de inteligencia emocional.

Los robots nos pisan los talones y amenazan muchos de los trabajos tal y como son hoy en día conocidos, debemos por tanto formarnos en aquellas habilidades y competencias donde sabemos que no tienen cabida. Un robot no puede tener emociones ni sentimientos. No llegan a las empresas buscando reconocimiento o autorealización. Llegan para hacer un trabajo rutinario y mecánico sin más. Pongamos por tanto el acento en cuidar nuestras habilidades y competencias emocionales. Creemos entornos laborales donde se fomente la creatividad. Es el mejor antídoto sin duda ante entornos tan volátiles y cambiantes. Es además una característica innata al ser humano, residente en el hemisferio  derecho de nuestro cerebro, que no se puede por tanto implantar en un robot.

 

¿Ha muerto el email?

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Es indudable que la tecnología está cambiando nuestra manera de trabajar. La conocida como 4ª revolución industrial ha supuesto la tecnificación de todos los procesos de trabajo. Los robots empiezan a realizar actividades que no son consideradas de valor añadido o donde el contacto humano sea prescindible. Aunque en Japón por ejemplo, se haya abierto una cafetería atendida completamente por robots. Nuestra esperanza no obstante, es que estos ejemplos no se generalicen, ya que en este caso, los usuarios se han quejado amargamente de la falta de atención y empatía por parte del servicio.

IOT (Internet of things) el internet de las cosas, amenaza con tenernos permanentemente conectados a todo tipo de dispositivos de manera que nuestra vida sea una prolongación de nuestra capacidad tecnológica.

Se habla incluso de una nueva industria productiva catalogable en función del grado de tecnificación de la misma. Lo que es indudable es que nos hemos virtualizado hasta el punto de que los espacios de trabajo ya no requieren presencia física o no al menos del 100% del tiempo. Algunas empresas como Automattic propietaria de esta plataforma desde la que escribo (WP), acaban de comunicar que renuncian a sus oficinas físicas por encontrarse la mayor parte del tiempo vacías.

Herramientas como Skype, Slack, Hangouts, …..  facilitan la comunicación pero son un arma de doble filo ya que al igual que el mail en sus primeros tiempos de no ser utilizadas de manera correcta se convierten en foco de problemas, mal entendidos y como veremos más adelante, de soledad real, no virtual.

Los primeros años de vida del email eran frecuentes los errores. No existía cultura de comunicación por esa vía y las dobles interpretaciones, las suposiciones y las suspicacias, estaban a la orden de día.  En este sentido el exceso de texto, de los primeros emails tampoco ayudaba.

Respondiendo por tanto a la pregunta creo que en este contexto de digitalización el email no ha muerto,  sino que se ha profesionalizado hasta el punto de ser una herramienta más de comunicación en las empresas coherente con su origen fundacional. Los correos físicos, cartas, eran comunicaciones unilaterales donde la respuesta no era esperada o al menos no lo era a corto plazo. El email cumple esa función, la de comunicar sin esperar respuesta inmediata, ya que en caso contrario precisaremos de herramientas de comunicación bi-direccional.

Finalmente y para darle un toque más humano a este post ya que para hablar de transformación digital hay gente mucho más experta que yo,  diré que no debemos perdernos con tanta tecnología, en IBM los empleados llegaron a utilizar el acrónimo de la empresa para quejarse por su soledad (I am by myself) y eso a pesar de toda las herramientas de comunicación que disponían. Los seres humanos requerimos contacto, el roce hace el cariño y además alimenta nuestras almas. Los Robots no podrán  tomar nunca ese espacio, no podrán tener alma, con lo que no podrán ser empáticos y satisfacer a unos clientes en una cafetería, por más que lo intenten.

Debemos buscar nuestro sitio en tareas de valor añadido. Se estima que el 75% de los empleos para los próximos 25 años están todavía por inventarse. No tengamos miedo al cambio, ni nos resistamos, es absurdo porque es imparable, adaptémonos buscando posicionarnos en aquellas actividades y sectores de desarrollo,  donde nuestro “expertise” fundamentalmente como seres humanos, poseedores de emociones, nos haga insustituibles.

Termino con una cita y una reflexión .  La primera  de Einstein “temo el día que la tecnología sobrepase nuestra humanidad, el mundo sólo tendrá una generación de idiotas” La segunda de Twitter, ya que recientemente le pregunté a un ponente experto en inteligencia artificial, en unas jornadas de tecnología, al darme cuenta que su firma en Twitter era consciousrobots,  ¿Puede realmente un robot tener conciencia? ¿yo tengo la respuesta, y tu?