Despertando a la vida

El Viernes ve la luz mi segunda novela Despertando a la vida. Estoy deseando que llegue el día y poder presentarla en un ambiente de afecto y cariño, con familiares y amigos, favorecido por el maravilloso marco de la Biblioteca Eugenio  Trías en el parque del Retiro de Madrid.

Qué diferente de la presentación de la primera novela donde éramos 4 gatos contados. Influye que la implicación de mi actual editorial Maseras es muy superior a la de la primera editorial que no dejaba de ser una coedición pero influye sobre todo mi cambio y crecimiento personal en los 7 años que han transcurrido.

Con la primera novela de título 48 horas, me dio pudor invitar a la gente, y no pude disfrutar del momento. Casi me vi pidiendo perdón, por haber escrito un relato, que se apoderó de mi con una fuerza que tuve que exorcizar mediante la escritura.  Podría decir que no tuve otra opción que sentarme y teclear lo que de mi brotaba de manera espontánea, las palabras no eran mías, tampoco los dedos que aporreaban el teclado. En dos meses estaba terminado.  Dice JK Rowling que muchas veces siente que sus personajes se le aparecen saliendo de la nada. Humildemente y salvando la distancia puedo decir que algo parecido acababa de experimentar.

Ahora todo es distinto y he podido llegar a entender una frase famosa de Picasso cuando afirmó que todos nacemos genios pero que vamos perdiendo esa genialidad conforme crecemos. El sistema educativo no fomenta la creatividad al revés la limita y coarta. Por mi marcada lateralidad derecha fruto de un hemisferio izquierdo dominante, donde reside  la lógica, las matemáticas y el lenguaje,  tenía inhibida mi capacidad más emocional y creativa. La escritura me ha permitido dar salida a esa faceta con lo que ahora me percibo más equilibrado tanto personal como emocionalmente.

Puedo decir por tanto que escribo para ser más feliz ya que me permite conectar con mi yo más creativo que debí perder en algún momento de mi paso por el colegio.

Habrá detractores a los que Despertando a la vida no les guste, “fair enough”, pero confío que habrá gente para la que tendrá sentido, porque puedan verse reflejados en alguno de los personajes o porque puedan proyectarse a través de ellos y sus peripecias y eso lógicamente me hará muy feliz. Para mi en cualquier caso, ya ha tenido sentido, porque en su proceso de creación he podido volver a conectarme conmigo mismo y mi esencia, disfrutar de estar ahí y de ver como los personajes y la historia aparece delante de mis ojos como si yo mismo estuviera en otra dimensión.

Quisiera dedicar este último párrafo  al Coaching. Acompañar a las personas para que puedan llegar a ser SU mejor versión, es nuestro trabajo y nuestra dedicación. Todos tenemos ese punto de genialidad, de creatividad, todos podemos llegar a ser la mejor versión de nosotros mismos.  ¿Que estamos esperando para ponernos manos a la obra?

La teoría del globo

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Es curioso observar como todo tiene una conexión y una razón de ser. De hecho no creo en las casualidades y sí en las causalidades. La vida nos habla constantemente pero estamos tan dormidos o tan metidos en nuestro funcionamiento autómata, también conocido como mente de mono o DMN (Default mode network) , que no nos paramos a analizar las señales que la vida nos envía. No las interpretamos por más evidentes que éstas sean hasta que es demasiado tarde.

Nos habla nuestro cuerpo, dándonos toques de atención en forma de pequeñas incomodidades, hasta el punto de pararnos con algo más serio, sino hemos atendido a los primeros requerimientos. Nos habla nuestro entorno, nuestra familia, nuestro trabajo, todo, pero estamos tan absortos en nuestro ruido mental que tenemos la capacidad de ver pero no de observar, de oír pero no de escuchar.

A mi me ha costado confiar de esta manera en la vida. No es fácil ya que nos pone a prueba constantemente y acabamos aferrándonos a lo conocido antes de soltarnos y confiar en lo maravilloso que pudiera estar por venir. A lo largo de mi vida profesional y personal he podido testar esta realidad. Hace una década fui a hacer el camino de Santiago, buscando respuestas profesionales y una salida a una situación complicada, ya que la consultora que había creado con otro socio años antes, pasaba por dificultades serias. Volví del camino con el contacto del CEO de una empresa Danesa que luego fue mi casa durante 6 años. Tuve la oportunidad de desarrollar un producto desde cero para España y conocí lo que es un entorno laboral Hygge. Todo ello de una conversación que surge por azar,  aunque no de manera casual sino causal. Ahora rememoro toda esta etapa como un verdadero regalo.

Ayer estuve viendo una película donde una mayor, aunque siempre atractiva, Jane Fonda, vive en Woodstock, manteniéndose fiel al espíritu Hippie. Su hija es una abogada de éxito que no es feliz porque vive atrapada en el resentimiento y la ira. Hacia el final de la película, sueltan el lazo que impide a un globo volar al estar atado a un saco de tierra. Esta psicomagia al más puro estilo del polifacético Alejandro Jodorowski, surte efecto.  La propia trama va ayudando a nuestra irascible abogada a ir entendiendo y comprendiendo, la va ablandando y moldeando, enfrentándola con todas sus creencias, hasta el momento de soltar y liberarse por fin de ese resentimiento que le impedía volar.

Andaba dando vueltas al blog que quería escribir esta semana y con la imagen todavía presente de la película en mi cabeza me topo nuevamente por azar con un artículo en Linkedin sobre la habilidad del liderazgo. En él Hirotaro Higuchi, el CEO que crea la mayor cervecera Japonesa, habla de la teoría del globo. Considera que el impulso natural de todo trabajador es crecer y que la mayor parte de las compañías “atan” a sus trabajadores con infinidad de sacos de arena que les impiden desarrollar todo su potencial. La labor principal del leader por tanto para Higuchi,  es soltar todas las amarras que impiden al globo volar. Para ello debe crear el entorno adecuado,  que facilite el desarrollo profesional de todos los empleados amarrados a sacos de arena.

Mera coincidencia o no, ya tenía tema para mi blog. La metáfora del globo amarrado por sacos de arena, se presentaba nuevamente ante mis ojos con fuerza. Es verdad que el foco inicialmente del post, tal y como lo había conceptualizado, debía girar más en esta idea de liderazgo, pero como decía Picasso “cuando llegue la inspiración que me pille trabajando” así que he empezado a escribir y ha ido pivotando desde conceptos de liderazgo hacia  ésta idea de observar la vida con atención y curiosidad porque nos habla y nos inspira, sólo necesitamos estar activos, preparados y presentes para escucharla. Que la inspiración nos llegue a todos trabajando  o lo que es lo mismo que nos pille estando despiertos y atentos.

Y quiero despedirme hasta después de verano con una cita del libro que ahora mismo estoy leyendo, y que “casualmente” de nuevo al abrirlo ayer, mencionaba la no existencia de casualidades. Incluso lo comparaba con la geometría en la formación del copo de nieve. ¿Puede ser casual que sea tan perfecto? Pues bien dice Neale Donald Walsch en su libro conversaciones con Dios lo siguiente: “Las palabras de la próxima canción que oigas. La información del siguiente artículo que leas. La conversación que cruces casualmente con la próxima persona que te encuentres. O el murmullo del próximo río, el próximo océano, la próxima brisa que acaricie tu oído. Todos estos recuerdos son míos. Te hablaré si me escuchas. Vendré a ti si me invitas. Te mostraré que siempre he estado ahí en todas partes”

¿Trabajo para toda la vida o desarrollo profesional?

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Se cumplen 40 años de los pactos de la Moncloa. Tenía yo en ese momento 7 añitos. La inflación andaba desbocada en el entorno del 40% y la España del momento era muy diferente a la que hoy disfrutamos.

Desde el punto de vista económico los pactos sentarían  las bases que permitirían a nuestro país abrazar la modernidad.  Hoy en día parece impensable que hubiera casas sin agua corriente, ni electricidad,  ó calles sin red de alcantarillado.  Creo interesante pintar este marco para contextualizar como podía ser el trabajo en esa época. Es mi oportunidad también para rendir homenaje a 40 años que sin lugar a dudas nos han cambiado a todos.

El trabajo y los entornos laborales eran por tanto muy diferentes. Nuestros padres llegaban a las empresas con mentalidad de funcionarios. Me explico, con la sensación de haber ganado una oposición y tener un trabajo para toda la vida. Reconozco que en mis primeras entrevistas de trabajo, ésta era mi mentalidad también. Lo importante era tener trabajo, no nos planteábamos si la empresa tenía cultura empresarial, observaba políticas de desarrollo profesional, tenía una zona chill out para descansar, pensar y replantear el negocio o si era sensible con el cambio climático o si tenía RSC (responsabilidad social corporativa).

Muchas de las personas con las que hablo, responsables de gestión de talento y selección de personal, comentan que sobre todo los Millennials dan más importancia a todos estos aspectos que al hecho en sí de obtener el trabajo, renunciando incluso a seguir adelante en el proceso de selección si estos puntos no quedan claros primero. La verdad es que no les critico por hacerlo, en el fondo me dan envidia porque tienen la libertad de poder planteárselo. Esa libertad puede ser económica aunque yo considero que es social y fiel reflejo por tanto del cambio de mentalidad, valores y principios experimentado en estos 40 años. Pero no quiero entrar ahí porque abriría un debate de tintes socio-político-filosóficos que no me veo capaz de resolver, ya que no califico estos valores y principios como mejores o peores simplemente digo que han cambiado.

Donde sí me gustaría entrar es la pregunta que abre este post. Al final pasamos en la oficina al menos un tercio de nuestro día a día,  y más vale por tanto que ese tercio sea de la mayor calidad posible.  Nos va en ello la vida, es incuestionable que el entorno , el ambiente de trabajo y la figura del jefe  condicionan nuestra salud tanto mental como física.  Numerosos estudios demuestran que la gente cuando se plantea cambiar de trabajo, no lo hace por la empresa, sino por el jefe. Es lógico que busquemos por tanto la mejor empresa posible donde poder desarrollar todo nuestro potencial. En este sentido no debemos tener miedo al cambio, los trabajos para toda la vida ya no existen. En un entorno tan dinámico y cambiante como el actual (VUCA) las empresas no iban a ser islotes de salvamento. Son las primeras que para poder adaptarse a todos los retos que el mercado plantea deben evolucionar constantemente, buscando fórmulas que les permita seguir siendo rentables. No perdamos nunca de vista que las empresas tienen como objetivo fundamental maximizar la rentabilidad, y en esa ecuación,  el siempre mal denominado recurso humano, es uno más, de los recursos que utilizan en pos de este objetivo.

Entremos por tanto en las empresas con mentalidad de emprendedores, buscando nuestro desarrollo profesional y asumamos que cuando éste desarrollo no sea posible quizás haya llegado el momento de cambiar. Sin traumas y sin miedos, porque lo que nos espera a la vuelta de la esquina seguro que es mejor que lo que dejamos. Quizás perdamos económicamente, quizás cueste un tiempo encontrarlo pero seguro que nos permite crecer  tanto profesional como personalmente y sólo eso compensa cualquier duda o miedo que por el camino pudiera  surgir. ¿O es que no hemos venido a este mundo a ser felices, alcanzando ser la mejor versión de nosotros mismos? y ¿como hacerlo si no vamos evolucionando y creciendo por el camino?