5 preguntas sobre tu grado de Felicidad en el trabajo

legs-window-car-dirt-road-51397Arranca el 2019 y es un buen momento para hacer Balance sobre nuestra vida profesional y el grado de Felicidad que nos reporta levantarnos cada mañana para ir a trabajar. Tras unos días de descanso y encuentros familiares nos vemos de nuevo abocados a la rutina del día a día en nuestro puesto de trabajo y la sola visualización de este escenario puede suponer un acicate o una tortura.

Te propongo responder a estas 5 simples cuestiones.

  1. ¿Cuales han sido los principales logros laborales que has tenido en 2018?
  2. ¿Has adquirido nuevas competencias este año que se ha ido? Si es así trata de enumerarlas
  3. De todo el trabajo realizado en el 2018 que es lo que te ha hecho sentir más orgulloso por la contribución personal que hayas podido tener.
  4. ¿Has encontrado tutores, mentores, coaches en el 2018 que te hayan ayudado a avanzar profesionalmente?
  5. ¿Que te gustaría hacer personalmente en el 2019 para ser más feliz en tu trabajo? ¿Te comprometes a implantarlo desde ya?

Si echando la vista atrás no encuentras nada que haya merecido la pena profesionalmente, ninguna contribución a la empresa, sociedad en su conjunto o sistema en el que te integres que sea digna de mención y la expectativa del futuro no te genera ningún tipo de aliciente o reto es muy probable que estés profesionalmente deprimido.

Muchas veces relacionamos el éxito con el grado de felicidad, lo que es completamente erróneo, pensamos que cuando tengamos éxito seremos felices y es justo al revés cuando seamos felices conseguiremos alcanzar los logros y metas profesionales que nos hayamos marcado.

Se puede cambiar de trabajo, no pasa nada y es una opción altamente recomendable cuando entendemos que la Empresa no puede crear el contexto que nos permita “crecer profesionalmente”, tenemos jefes tóxicos o trabajos alienantes, pero primero debemos comprobar cual es nuestra actitud personal. Puede que no estemos en la Empresa más feliz del mundo y que ésta en vez de tener un plan integral de Felicidad Organizacional tenga unas simples acciones puntuales de maquillaje como ticket comedor, guardería o ayuda sanitaria, pero si nuestra actitud no es positiva dará igual el número de acciones que la empresa implemente.

Ha llegado el momento pues de hacer Balance comprobar en que medida la Empresa contribuye o no a mi Felicidad y autoindagar también cual es mi actitud en el día a día, si ninguna de las 5 preguntas anteriores me reporta algo positivo por lo que me merezca la pena levantarme cada mañana, estaremos a tiempo de cambiar.

Hagamos que ser felices en el trabajo sea nuestro principal objetivo para 2019.

Felicidad Organizacional

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No podemos abordar el concepto de Felicidad en la empresas sin hablar primero de felicidad individual. De hecho deberíamos hacer una clara diferenciación entre ser feliz  en la Organización y separarlo del concepto de Felicidad Organizacional.

La primera tiene que ver con la actitud personal dentro de la propia empresa, la manera en la que acudimos al trabajo todos los días, la manera en la que nos comportamos y nos relacionamos con nuestros compañeros. Esta actitud personal estará muy condicionada por nuestra mochila personal. Difícil será tener una actitud colaborativa, generosa, de apoyo y ayuda con nuestros compañeros si por dentro estamos rabiosos con el mundo, tristes o infelices.

La segunda parte, la de Felicidad Organizacional, sí que tiene que ver con la propia empresa y la manera en la que ésta cuida de sus empleados, con políticas activas que analizaremos un poco más adelante. Es interesante recordar en este punto, que las últimas investigaciones sobre clima laboral arrojan datos significativos del grado de desafección de los empleados respecto de los objetivos generales de sus organizaciones. Los porcentajes hablan por sí solos, cerca del 70% de los empleados no sienten los “colores” de las Organizaciones en las que trabajan y un 87% se sienten además infelices.  Es evidente por tanto que las empresas tienen un largo camino que recorrer para intentar retener y atraer talento  y quizás sea el motivo por el que este tema esté tan en boga actualmente. De hecho el pasado viernes 28 de Septiembre arrancó en España el primer programa internacional para formar responsables de felicidad organizacional, definido por el acrónimo CHO (Chief Happiness officer), programa del que tengo el gusto y el placer de formar parte del claustro de profesores.

Volviendo al concepto de Felicidad individual podemos remontarnos a los clásicos Griegos, padres de la Filosofía actual, donde ya era un tema que ocupaba y preocupaba a filósofos de la talla de Aristóteles o Platón quienes ponían el acento de la felicidad en la acción, en la manera de comportarse y actuar. Para ellos un comportamiento recto era un comportamiento virtuoso y el germen necesario para ser feliz. Uno de mis grandes referentes por lo que en mí resuena su concepto de Felicidad, vendría años más tarde y se enfrentaría a todo un imperio desde su propia coherencia personal. Ser feliz para Gandhi suponía tener coherencia entre lo que uno piensa, dice y hace. Las culturas orientales han puesto el acento de la felicidad en la presencia, en la capacidad de estar en el momento presente, sin permitir que la mente errante nos lleve a momentos dolorosos del pasado o expectativas inciertas de futuro, que no generan más que desasosiego e infelicidad. En el momento expansivo de presencia hay una conexión con nuestro ser más profundo que también estaría muy cercana a esa sensación plena de coincidencia entre lo que pienso, digo y hago que manifestaba Ghandi. Autores más recientes como Mo Gawdat, quien quizás inspirado por su formación como ingeniero en una de las grandes empresas del momento, Google, ha diseñado, el ya famoso algoritmo de la felicidad. Tras una dolorosa experiencia personal, donde comprende que la felicidad no está en las numerosas posesiones materiales de las que dispone,  brutalmente desnudadas como intrascendentes, ante la repentina muerte de su hijo, llega a la conclusión de que la felicidad tiene mucho que ver con la distancia entre la realidad y nuestras expectativas. En ese “Gap” se encuentran para él muchos de los sufrimientos que nos alejan de la felicidad. Creo que es coincidente con todo lo anterior ya que en el fondo la diferencia entre realidad y expectativas no dejan de ser la incoherencia entre nuestra manera de ser y pensar y  nuestro anhelo de fabular con un mundo futuro, cuando el presente no nos satisface.

Mi propia definición también estaría en esta línea ya que para ser feliz he tenido que mirar cara a cara a mis demonios, enfrentarlos y aceptarlos, de hecho mi concepto de felicidad estaría muy cerca de algo parecido a tener a buen recaudo nuestros propios demonios, revestidos de limitaciones, creencias y juicios. Lo curioso es que nos pasamos la vida buscando fuera el tesoro que ya tenemos dentro. Grandes místicos de la historia lo mencionan en los numerosos escritos que nos han dejado. Me quedo con una cita de San Francisco de asís que dice: “Aquello que busco se encuentra en el lugar desde donde lo busco”. Por eso en relación a felicidad individual me gusta distinguir la existencia de dos planos, uno interno y otro externo. El interno  relacionado con el autoconocimiento, fruto de la autoindagación, lo que nos llevaría a esa coherencia con nosotros mismos, a alinear nuestros pensamientos con nuestras palabras y con nuestros hechos. Y uno externo, puesto que somos seres fundamentalmente relacionales y necesitamos por ello interactuar de manera saludable con nuestro entorno, siempre desde un plano personal, no esperando sino dando. El servicio a los demás y cultivar la compasión serían las claves en este punto. Por nuestra tradición judeo-cristiana tendemos a utilizar el concepto de compasión de manera peyorativa. En este sentido me gusta la declinación latina de la palabra que es com- pationare es decir apasionarse con, muy lejos por tanto del concepto negativo de compadecerse de o incluso más negativo todavía de auto-compadecerse.

Vemos por tanto que la primera parte de la ecuación necesaria para que una organización sea saludable depende de la propia salud y felicidad interna de los individuos que la integran. Ahora bien, la otra parte de la ecuación es responsabilidad de la propia organización, de poner los medios necesarios para que las personas puedan desarrollar todo su potencial, sientiendose además reconocidos por la organización.

He tenido la suerte de ser durante 6 años el responsable en España de una empresa Danesa de software. Las Naciones unidas elaboran desde el año 2012 un informe sobre los países más felices del mundo denominado “The World happiness report”, para conmemorar el primer congreso mundial sobre felicidad y bienestar,  Escandinavia ha ocupado siempre el primer lugar, primero con Dinamarca y en los dos últimos años con Noruega. Resulta paradójico que una de las regiones más adversas en climatología del mundo encabece este ranking. El motivo hay que buscarlo en aspectos como la seguridad, la confianza y el bienestar como medidas objetivas de Felicidad. En este caso es el sistema-país el que lo proporciona. Los mismos principios se aplican al ámbito Empresa, de hecho han acuñado un término que en una sola palabra significa Felicidad Organizacional.  Esta palabra, es “Arbejdsglaede”. Fuera de Escandinavia no hay ninguna lengua ni país, que recoja este concepto de Felicidad Organizacional con una sola palabra.

Mi experiencia por tanto en el  seno de una empresa, con políticas activas que favorecían la felicidad de sus empleados, hizo que en mi nueva etapa profesional, mucho más académica, iniciada hace unos años, me haya llevado a seguir estudiando y profundizando en la materia. Estudiando con la preparación de un doctorado, que versará sobre este tema, y trabajando con la creación junto a unos compañeros fantásticos del método HAW (Happiness at work) que estamos ya aplicando en empresas. Más información en http://metodohaw.isavia.com/nuestro-metodo/

Este método consiste en hacer una análisis previo de la situación de partida, ya que somos conscientes que cada empresa tiene su propia idiosincrasia, una propuesta de acciones, una implantación y un seguimiento. Hemos definido tres áreas sensibles dentro de toda organización y verificamos como se encuentra la empresa en temas tan importantes como la Misión, la visión o el propósito. También como no, el reconocimiento, ojo no tiene porqué ser económico, de hecho es la parte menos importante, una vez cubierto un mínimo vital. La mayoría de directores con los que hablamos se sorprenden cuando les mencionamos este concepto de sueldo ecológico.

No se trata por tanto de una moda sino de una realidad. Estudios de diferentes fuentes como Gallup, Deloitte, Adecco demuestran que el retorno (ROI) de invertir en políticas activas de Felicidad Organizacional es  muy rentable ya que las ventas crecen entre un 20 y un 40%, la productividad aumenta alrededor del 30% y se reducen las bajas por enfermedad y absentismo en un 66%. Impulsar la felicidad organizacional ha dejado de ser una alternativa exótica que las empresas pueden elegir aplicar o no  para convertirse en una necesidad, si de verdad quieren aumentar la rentabilidad, atraer y retener talento.

 

 

Vivir con miedo

 

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El Badminton es un deporte dominado históricamente por las asiáticas, especialmente las Chinas. El Mundial se lleva disputando anualmente desde 1977 y el 80% de victorias es de jugadoras Chinas. En el viejo continente un peldaño por debajo de las jugadoras Chinas el dominio era de las Nórdicas, sobre todo Danesas. En este contexto aparece una Españolita de Huelva y entra en la historia del deporte por la puerta grande.

Carolina  Marín acaba de aterrizar en España con su flamante tercer oro mundial colgado del cuello. Los dos primeros los ganó consecutivamente en 2014 y 2015 y cuando parecía que el ocaso había llegado, los resultados en los últimos campeonatos no eran buenos, nos ha sorprendido a todos, al convertirse en la primera mujer en alzar la corona por tercera vez.

Entrevistado a pie de aeropuerto Fernando Rivas que entrena a Carolina desde los 14 años ha dicho lo siguiente: ” Ha sido un mes intenso, tras la vuelta de Malasia, tuvimos una profunda conversación sobre lo que estaba pasando desde hacía dos años. El problema era el miedo y Carolina tuvo que asumirlo y entenderlo”

Carolina estaba a punto de tirar la toalla. El deporte del badmintón tiene mucho de reflejos y Carolina pensaba que por la edad, 25 años, quien los pillara, ya los había perdido. Esto le hizo entrar en una crisis de confianza y el miedo que nos acecha en cada esquina, presto para atacar, apareció para limitarla en su juego, esa vocecita interna que nos acompaña y que se alimenta de nuestros miedos y frustraciones le susurró al oído,  que ya no era lo suficientemente buena y empezó a minarle la confianza, como la gota de tortura China, lenta pero implacable.  Es curioso que su reconocido ídolo, Rafael Nadal, otro icono patrio, pasó por un episodio parecido y ahora está de vuelta también en lo más alto.

El miedo es compañero de viaje de todos nosotros, forma parte de  nuestra vida. Estamos en disposición de convivir con él con normalidad cuando lo reconocemos. Lo peor que podemos hacer es negarlo y tratar de ocultarlo. Quizás podamos disimular ante los demás ese ligero temblor de manos o de voz, cuando la amígdala, centro neuronal receptor y potenciador de nuestros miedos, toma el control, pero nunca podremos engañarnos a nosotros mismos. Vivir con miedo es morir de “a poquito” , recurro de nuevo a la métafora de la gota China porque es un golpeo constante, que horada nuestra confianza, hasta hacernos profundamente infelices.

Si no lo miramos cara a cara, no podremos combatirlo. No creo sinceramente que debamos vencerlo. El miedo es una emoción más, que como el resto de emociones, proviene de e-movere, nos predispone para la acción y esta activación orgánica general puede ser buena en momentos puntuales. Recuerdo una entrevista de Sardá, cuando estaba en la cresta de la ola con su programa Crónicas Marcianas, donde reconocía que el minuto antes de entrar en plató, sentía miedo, ocurrió en todos y cada uno de los miles de programas que grabó. Ese miedo puntual, activaba  sus recursos y le predisponía a la acción de lo que a continuación iba a ocurrir en el programa.

El miedo y la infelicidad desde mi punto de vista, van de la mano y están matemáticamente correlacionados, hasta el punto de que nuestra mayor o menor felicidad depende de nuestra capacidad de Reconocerlo, Integrarlo y Gestionarlo.

Por interés profesional y necesidad vital,  he leído mucho acerca de la felicidad, y me gusta la visión Budista donde se reconoce que la felicidad es el camino más que el destino final. El medio más que el fin. Frente a una visión más Aristotélica de ver la felicidad como un propósito. Ambas corrientes coinciden eso sí en que la felicidad no es la satisfacción de un deseo o un momento puntual de placer. Es algo más profundo, permanente y relacionado con la necesidad de trascendencia del ser humano.

Hace poco me preguntaban que era para mí la felicidad y de manera espontánea me salió lo siguiente: ” Tener mis demonios a buen recaudo” . Mi visión particular de la felicidad, tendría por tanto mucho que ver con el reverso de la misma,  el miedo, el yin y el yang,  los contrastes, soy feliz cuando miro cara a cara a mis miedos, los gestiono, los integro y hasta cierto punto los abrazo con cariño porque son parte de la propia vida.

Vivamos por tanto con normalidad nuestros miedos, observándolos, reconociéndolos y entendiendo que las personas felices no son las que siempre deben estar sonriendo, que gran falacia, sino aquellas que saben encontrar la actitud adecuada, ante los retos que la vida va lanzando a nuestro paso.

Nuevo Paradigma, nueva cultura digital

pexels-photo-595804.jpegUn paradigma es un conjunto de creencias y valores que sustentan un conocimiento. Pues bien, todo el mundo ha asumido ya con naturalidad, que estamos en un cambio de paradigma, donde el nuevo conocimiento está marcado por la tecnología.

La digitalización es el gran artífice de lo que se conoce como “cuarta revolución industrial”. Cierto que en la tercera aparece ya la tecnología para los procesos de automatización en las fábricas con los primeros ordenadores y servidores,  pero la capacidad de interconexión de dispositivos permite un salto cualitativo y cuantitativo en la manera de producir bienes y servicios, de llevarlos al mercado y de ser éstos consumidos. La propia figura de consumidor ha cambiado y se habla del “prosumer” es decir proveedor y consumidor a la vez. Pensar por ejemplo en un consumidor de alojamiento turístico para el verano con su familia, que es a la vez proveedor,  porque tiene una casa familiar en alquiler en un entorno rural heredada y que comercializa a través de plataformas on line como Airbnb o Booking. Lógicamente este consumidor que es a la vez proveedor tiene un conocimiento del producto y mercado muy superior al de un consumidor sin más y por lo tanto la estrategia de marketing encaminada a motivarle hacia la compra debe ser distinta.

Esta era tecnológica, tiene como todo en la vida sus ventajas e inconvenientes. Las ventajas son obvias y tienen que ver con la mejora de la calidad de nuestra vida personal y profesional. Nadie se plantea ahora una empresa sin email y sofisticadas plataformas de gestión de clientes (CRM), procesos (ERP) o entornos web (CMS). Tampoco concebimos la vida sin teléfono móvil, Apps de geolocalización, reserva de restaurantes, Ocio y cultura y ya estamos preparándonos psicológicamente para la llegada del internet de las cosas (IOT) que es el eufemismo con el que definimos la entrada de la tecnología en toda nuestra vida cotidiana, desde encender una luz, hasta calentar el fuego, programar la calefacción y la nevera y tantas aplicaciones que ahora mismo tan sólo podemos llegar a intuir.

Por la parte menos positiva tenemos la dificultad de adaptarnos a la velocidad  a la que se está produciendo todo este cambio, sin precedentes en la vida moderna, ya que el paso de la era agrícola a la industrial fue paulatino y motivado por la irrupción de la máquina de vapor, la segunda revolución industrial tuvo el lógico reflejo de necesitar reordenar los recursos sobre todo humanos que en masa pasaron del campo a entornos productivos fabriles y la tercera revolución surge con la llegada de los primeros ordenadores e internet. El salto a la cuarta ha sido brutal y está dominado por la digitalización en mayúsculas en todos los ámbitos de nuestra vida.

Un entorno así requiere de una adaptación y cambio de cultura.

En sociología y psicología, un cambio de cultura se define  como el proceso por el cual un grupo o un individuo modifican sus patrones de comportamiento para ajustarse a las normas imperantes en el medio social en el que se mueven. Al adaptarse, un sujeto abandona hábitos o prácticas que formaban parte de su comportamiento, pero que están negativamente evaluadas en el nuevo ámbito al que desea integrarse, y eventualmente adquiere otros en consonancia con las expectativas que se tienen de su nuevo  rol.  La adaptación, en este sentido, es una forma de socialización secundaria, ya que opera tomando como base las habilidades sociales con las que el sujeto ya cuenta.

Debemos por tanto modificar nuestros patrones de comportamiento para poder adaptarnos a esta nueva realidad dominada por la tecnología. Como dijo hace mucho tiempo Charles Darwin “no sobreviven los más fuertes sino los que mejor saben adaptarse al medio”. Tendremos que adquirir las competencias y habilidades que nos permitan adaptarnos a este nuevo medio tecnológico.

De todas las competencias que necesitamos adquirir para adaptarnos a este nuevo entorno social, destacaría las emocionales. Por no hacer muy largo este post lo dejo ahí pero en el siguiente entraré más en detalle de las nuevas competencias y habilidades digitales que a mi juicio demanda este nuevo paradigma.

 

Mindfulness, mucho más que meditar

 

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Mindfulness tiene mucho que ver con la práctica de la meditación budista. De ahí que se le atribuya una longevidad superior a los 2.500 años. Parar, tomar conciencia de la respiración, estar en el momento presente, observando los pensamientos con curiosidad, sin juicio, requiere indudablemente de un estado vital que lo permita y la meditación es la técnica y el instrumento que lo hace más factible

Ahora bien, Mindfulness debe ser mucho más que eso ya que de otra forma no estaría teniendo el desarrollo actual. Seguiría constreñido por las prácticas de los centros de meditación y Yoga, siendo muy popular entre sus visitantes y practicantes, pero no habría salido de sus paredes, ni alcanzado las cotas de repercusión actuales, que van desde las escuelas de primaria, hasta las empresas más punteras, aunque siempre haya excepciones, como la respuesta que me dio el responsable de Talento de una de las IBEX35 hace tres meses,  al ofrecerle introducirlo en su organización. Literalmente me dijo: “es algo que no contemplamos ni el el corto, ni el medio plazo” pensé en ese momento y sigo haciéndolo que “el señor X” estaba muy equivocado.

Mindfulness no es una “commodity” más, muy al contrario es ya una necesidad imperiosa en toda organización.  Esta práctica milenaria conoce un esplendor sin precedentes y tiene un futuro por delante maravilloso. Hace poco leí un articulo de Goleman en el que consideraba Mindfulness como imprescindible para el desarrollo de la Inteligencia Emocional (EI). Al ser Goleman el gran abanderado mundial de (EI) podríamos pensar que se trata de una declaración ventajista,  la realidad es bien distinta, ya que Goleman forma parte del grupo de expertos en la materia junto a Davidson o Kabat Zinn, no es un recién llegado por tanto, y tiene mucha razón en opinar que para poder reconocer, modular y gestionar nuestras emociones necesitamos parar y observar con curiosidad, sin juicio, nuestros pensamientos, actitudes y comportamientos.

De cara a una empresa tener líderes conscientes, es decir emocionalmente trabajados, es ya una necesidad. Les dota de habilidades y competencias necesarias en entornos como los actuales. Ser empático, creativo, didáctico, asociativo o colaborativo no es una moda. El trabajo del siglo XX ya no existe, no al menos como lo concebimos los 40+, primero de nuestros padres y luego por la evidencia empírica de nuestros trabajos.

Los entornos son dinámicos y cambiantes y requieren respuestas diferentes, los puestos de trabajo no son fijos desde el punto de vista físico, sino virtuales en muchos casos, los equipos son modulables, e intercambiables en función de los objetivos por proyectos, técnicas como Design thinking proponen lanzar productos y servicios con filosofía prueba/error. En este contexto, los empleados de la nueva era industrial,  no pueden ser  gestionados de la misma manera a como lo eran antes. Sus necesidades y anhelos son diferentes y lo que es más importante los de la propia empresa para poder sobrevivir más. Una empresa en estado vegetativo es aquella que presenta crecimiento cero o leve retroceso cada año. ¿Cuantas empresas así existen hoy en día?

Los trabajos repetitivos y rutinarios, realizados por trabajadores anodinos y aburridos por la reiteración de sus funciones ya no existen, corren además el riesgo real de ser sustituidos por robots mucho antes de lo que pensamos. Es el tiempo de innovar de crear y de gestionar equipos que puedan sacar todo su rendimiento y potencial. ¿Puede realizar esta gestión un directivo no consciente? Yo sinceramente no lo creo. ¿Se puede motivar, apoyar, liderar desde técnicas puramente mentales sin inteligencia emocional? Nuevamente debo decir que lo dudo mucho. Por tanto es la propia sociedad la que ha cambiado y la que demanda a gritos líderes con habilidades y competencias emocionales, es decir, líderes conscientes.

Mindfulness no es un anglicismo más que este de moda porque suene “cool”  es una poderosa herramienta a nuestra disposición para poder adquirir las competencias emocionales que los nuevos tiempos demandan. Creo que en breve todos los “señores X” se darán cuenta de esta imparable realidad.