Felicidad Organizacional

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No podemos abordar el concepto de Felicidad en la empresas sin hablar primero de felicidad individual. De hecho deberíamos hacer una clara diferenciación entre ser feliz  en la Organización y separarlo del concepto de Felicidad Organizacional.

La primera tiene que ver con la actitud personal dentro de la propia empresa, la manera en la que acudimos al trabajo todos los días, la manera en la que nos comportamos y nos relacionamos con nuestros compañeros. Esta actitud personal estará muy condicionada por nuestra mochila personal. Difícil será tener una actitud colaborativa, generosa, de apoyo y ayuda con nuestros compañeros si por dentro estamos rabiosos con el mundo, tristes o infelices.

La segunda parte, la de Felicidad Organizacional, sí que tiene que ver con la propia empresa y la manera en la que ésta cuida de sus empleados, con políticas activas que analizaremos un poco más adelante. Es interesante recordar en este punto, que las últimas investigaciones sobre clima laboral arrojan datos significativos del grado de desafección de los empleados respecto de los objetivos generales de sus organizaciones. Los porcentajes hablan por sí solos, cerca del 70% de los empleados no sienten los “colores” de las Organizaciones en las que trabajan y un 87% se sienten además infelices.  Es evidente por tanto que las empresas tienen un largo camino que recorrer para intentar retener y atraer talento  y quizás sea el motivo por el que este tema esté tan en boga actualmente. De hecho el pasado viernes 28 de Septiembre arrancó en España el primer programa internacional para formar responsables de felicidad organizacional, definido por el acrónimo CHO (Chief Happiness officer), programa del que tengo el gusto y el placer de formar parte del claustro de profesores.

Volviendo al concepto de Felicidad individual podemos remontarnos a los clásicos Griegos, padres de la Filosofía actual, donde ya era un tema que ocupaba y preocupaba a filósofos de la talla de Aristóteles o Platón quienes ponían el acento de la felicidad en la acción, en la manera de comportarse y actuar. Para ellos un comportamiento recto era un comportamiento virtuoso y el germen necesario para ser feliz. Uno de mis grandes referentes por lo que en mí resuena su concepto de Felicidad, vendría años más tarde y se enfrentaría a todo un imperio desde su propia coherencia personal. Ser feliz para Gandhi suponía tener coherencia entre lo que uno piensa, dice y hace. Las culturas orientales han puesto el acento de la felicidad en la presencia, en la capacidad de estar en el momento presente, sin permitir que la mente errante nos lleve a momentos dolorosos del pasado o expectativas inciertas de futuro, que no generan más que desasosiego e infelicidad. En el momento expansivo de presencia hay una conexión con nuestro ser más profundo que también estaría muy cercana a esa sensación plena de coincidencia entre lo que pienso, digo y hago que manifestaba Ghandi. Autores más recientes como Mo Gawdat, quien quizás inspirado por su formación como ingeniero en una de las grandes empresas del momento, Google, ha diseñado, el ya famoso algoritmo de la felicidad. Tras una dolorosa experiencia personal, donde comprende que la felicidad no está en las numerosas posesiones materiales de las que dispone,  brutalmente desnudadas como intrascendentes, ante la repentina muerte de su hijo, llega a la conclusión de que la felicidad tiene mucho que ver con la distancia entre la realidad y nuestras expectativas. En ese “Gap” se encuentran para él muchos de los sufrimientos que nos alejan de la felicidad. Creo que es coincidente con todo lo anterior ya que en el fondo la diferencia entre realidad y expectativas no dejan de ser la incoherencia entre nuestra manera de ser y pensar y  nuestro anhelo de fabular con un mundo futuro, cuando el presente no nos satisface.

Mi propia definición también estaría en esta línea ya que para ser feliz he tenido que mirar cara a cara a mis demonios, enfrentarlos y aceptarlos, de hecho mi concepto de felicidad estaría muy cerca de algo parecido a tener a buen recaudo nuestros propios demonios, revestidos de limitaciones, creencias y juicios. Lo curioso es que nos pasamos la vida buscando fuera el tesoro que ya tenemos dentro. Grandes místicos de la historia lo mencionan en los numerosos escritos que nos han dejado. Me quedo con una cita de San Francisco de asís que dice: “Aquello que busco se encuentra en el lugar desde donde lo busco”. Por eso en relación a felicidad individual me gusta distinguir la existencia de dos planos, uno interno y otro externo. El interno  relacionado con el autoconocimiento, fruto de la autoindagación, lo que nos llevaría a esa coherencia con nosotros mismos, a alinear nuestros pensamientos con nuestras palabras y con nuestros hechos. Y uno externo, puesto que somos seres fundamentalmente relacionales y necesitamos por ello interactuar de manera saludable con nuestro entorno, siempre desde un plano personal, no esperando sino dando. El servicio a los demás y cultivar la compasión serían las claves en este punto. Por nuestra tradición judeo-cristiana tendemos a utilizar el concepto de compasión de manera peyorativa. En este sentido me gusta la declinación latina de la palabra que es com- pationare es decir apasionarse con, muy lejos por tanto del concepto negativo de compadecerse de o incluso más negativo todavía de auto-compadecerse.

Vemos por tanto que la primera parte de la ecuación necesaria para que una organización sea saludable depende de la propia salud y felicidad interna de los individuos que la integran. Ahora bien, la otra parte de la ecuación es responsabilidad de la propia organización, de poner los medios necesarios para que las personas puedan desarrollar todo su potencial, sientiendose además reconocidos por la organización.

He tenido la suerte de ser durante 6 años el responsable en España de una empresa Danesa de software. Las Naciones unidas elaboran desde el año 2012 un informe sobre los países más felices del mundo denominado “The World happiness report”, para conmemorar el primer congreso mundial sobre felicidad y bienestar,  Escandinavia ha ocupado siempre el primer lugar, primero con Dinamarca y en los dos últimos años con Noruega. Resulta paradójico que una de las regiones más adversas en climatología del mundo encabece este ranking. El motivo hay que buscarlo en aspectos como la seguridad, la confianza y el bienestar como medidas objetivas de Felicidad. En este caso es el sistema-país el que lo proporciona. Los mismos principios se aplican al ámbito Empresa, de hecho han acuñado un término que en una sola palabra significa Felicidad Organizacional.  Esta palabra, es “Arbejdsglaede”. Fuera de Escandinavia no hay ninguna lengua ni país, que recoja este concepto de Felicidad Organizacional con una sola palabra.

Mi experiencia por tanto en el  seno de una empresa, con políticas activas que favorecían la felicidad de sus empleados, hizo que en mi nueva etapa profesional, mucho más académica, iniciada hace unos años, me haya llevado a seguir estudiando y profundizando en la materia. Estudiando con la preparación de un doctorado, que versará sobre este tema, y trabajando con la creación junto a unos compañeros fantásticos del método HAW (Happiness at work) que estamos ya aplicando en empresas. Más información en http://metodohaw.isavia.com/nuestro-metodo/

Este método consiste en hacer una análisis previo de la situación de partida, ya que somos conscientes que cada empresa tiene su propia idiosincrasia, una propuesta de acciones, una implantación y un seguimiento. Hemos definido tres áreas sensibles dentro de toda organización y verificamos como se encuentra la empresa en temas tan importantes como la Misión, la visión o el propósito. También como no, el reconocimiento, ojo no tiene porqué ser económico, de hecho es la parte menos importante, una vez cubierto un mínimo vital. La mayoría de directores con los que hablamos se sorprenden cuando les mencionamos este concepto de sueldo ecológico.

No se trata por tanto de una moda sino de una realidad. Estudios de diferentes fuentes como Gallup, Deloitte, Adecco demuestran que el retorno (ROI) de invertir en políticas activas de Felicidad Organizacional es  muy rentable ya que las ventas crecen entre un 20 y un 40%, la productividad aumenta alrededor del 30% y se reducen las bajas por enfermedad y absentismo en un 66%. Impulsar la felicidad organizacional ha dejado de ser una alternativa exótica que las empresas pueden elegir aplicar o no  para convertirse en una necesidad, si de verdad quieren aumentar la rentabilidad, atraer y retener talento.

 

 

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