Vivir con miedo

 

full frame shot of text on wood
Photo by Pixabay on Pexels.com

El Badminton es un deporte dominado históricamente por las asiáticas, especialmente las Chinas. El Mundial se lleva disputando anualmente desde 1977 y el 80% de victorias es de jugadoras Chinas. En el viejo continente un peldaño por debajo de las jugadoras Chinas el dominio era de las Nórdicas, sobre todo Danesas. En este contexto aparece una Españolita de Huelva y entra en la historia del deporte por la puerta grande.

Carolina  Marín acaba de aterrizar en España con su flamante tercer oro mundial colgado del cuello. Los dos primeros los ganó consecutivamente en 2014 y 2015 y cuando parecía que el ocaso había llegado, los resultados en los últimos campeonatos no eran buenos, nos ha sorprendido a todos, al convertirse en la primera mujer en alzar la corona por tercera vez.

Entrevistado a pie de aeropuerto Fernando Rivas que entrena a Carolina desde los 14 años ha dicho lo siguiente: ” Ha sido un mes intenso, tras la vuelta de Malasia, tuvimos una profunda conversación sobre lo que estaba pasando desde hacía dos años. El problema era el miedo y Carolina tuvo que asumirlo y entenderlo”

Carolina estaba a punto de tirar la toalla. El deporte del badmintón tiene mucho de reflejos y Carolina pensaba que por la edad, 25 años, quien los pillara, ya los había perdido. Esto le hizo entrar en una crisis de confianza y el miedo que nos acecha en cada esquina, presto para atacar, apareció para limitarla en su juego, esa vocecita interna que nos acompaña y que se alimenta de nuestros miedos y frustraciones le susurró al oído,  que ya no era lo suficientemente buena y empezó a minarle la confianza, como la gota de tortura China, lenta pero implacable.  Es curioso que su reconocido ídolo, Rafael Nadal, otro icono patrio, pasó por un episodio parecido y ahora está de vuelta también en lo más alto.

El miedo es compañero de viaje de todos nosotros, forma parte de  nuestra vida. Estamos en disposición de convivir con él con normalidad cuando lo reconocemos. Lo peor que podemos hacer es negarlo y tratar de ocultarlo. Quizás podamos disimular ante los demás ese ligero temblor de manos o de voz, cuando la amígdala, centro neuronal receptor y potenciador de nuestros miedos, toma el control, pero nunca podremos engañarnos a nosotros mismos. Vivir con miedo es morir de “a poquito” , recurro de nuevo a la métafora de la gota China porque es un golpeo constante, que horada nuestra confianza, hasta hacernos profundamente infelices.

Si no lo miramos cara a cara, no podremos combatirlo. No creo sinceramente que debamos vencerlo. El miedo es una emoción más, que como el resto de emociones, proviene de e-movere, nos predispone para la acción y esta activación orgánica general puede ser buena en momentos puntuales. Recuerdo una entrevista de Sardá, cuando estaba en la cresta de la ola con su programa Crónicas Marcianas, donde reconocía que el minuto antes de entrar en plató, sentía miedo, ocurrió en todos y cada uno de los miles de programas que grabó. Ese miedo puntual, activaba  sus recursos y le predisponía a la acción de lo que a continuación iba a ocurrir en el programa.

El miedo y la infelicidad desde mi punto de vista, van de la mano y están matemáticamente correlacionados, hasta el punto de que nuestra mayor o menor felicidad depende de nuestra capacidad de Reconocerlo, Integrarlo y Gestionarlo.

Por interés profesional y necesidad vital,  he leído mucho acerca de la felicidad, y me gusta la visión Budista donde se reconoce que la felicidad es el camino más que el destino final. El medio más que el fin. Frente a una visión más Aristotélica de ver la felicidad como un propósito. Ambas corrientes coinciden eso sí en que la felicidad no es la satisfacción de un deseo o un momento puntual de placer. Es algo más profundo, permanente y relacionado con la necesidad de trascendencia del ser humano.

Hace poco me preguntaban que era para mí la felicidad y de manera espontánea me salió lo siguiente: ” Tener mis demonios a buen recaudo” . Mi visión particular de la felicidad, tendría por tanto mucho que ver con el reverso de la misma,  el miedo, el yin y el yang,  los contrastes, soy feliz cuando miro cara a cara a mis miedos, los gestiono, los integro y hasta cierto punto los abrazo con cariño porque son parte de la propia vida.

Vivamos por tanto con normalidad nuestros miedos, observándolos, reconociéndolos y entendiendo que las personas felices no son las que siempre deben estar sonriendo, que gran falacia, sino aquellas que saben encontrar la actitud adecuada, ante los retos que la vida va lanzando a nuestro paso.

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *