Mindfulness de andar por casa

Alicja_J / Pixabay

Hace unos días un muy buen amigo me visitaba en Madrid. Nos conocemos desde la infancia. Vivir en diferentes ciudades no ayuda, a pesar de ello siempre hemos estado al tanto de nuestras andanzas personales y profesionales. Conoce por tanto las distintas empresas por las que he pasado, y mi etapa más académica,  que arranca hace 7 años como profe y mentor y  ahora plenamente también como coach.

Fuimos a cenar al sitio que el archiconocido Chicote ha abierto cerca de Gran Vía,  pedimos una botella de vino y creamos el contexto para que naciera el texto. En filosofía Danesa es un momento perfectamente Hygge, lo que traducido sería algo así como estar muy a gusto. Rápidamente bajamos la guardia, no queremos impresionar a nadie, ni pretendemos ser otra persona distinta a quien realmente somos. Esta sensación es muy bonita porque reconocer al amigo de la infancia,  permite conectar con ese momento vital en el que SOMOS en mayúsculas, un yo verdadero, sin caretas, sin atrezzos, sin necesidad de pretender nada, simplemente ser.

En ese momento de paz, de felicidad, de “flow” que dicen ahora los más snobs, me pregunta: Oye tío,  ¿eso del Mindfulness que es?

No es el momento de ponerse académico, de tener un tomo “más campanudo” en la voz  y demostrarle mi conocimiento sesgado en la materia. Es el momento de explicarle de una manera “como de andar por casa” lo que para mi es Mindfulness. De no hacerlo así, estaría traicionando el momento que hemos creado y con ello nuestra amistad.

No procede por tanto  entrar en la parte más científica, la teoría de reducción del Estrés de Jon Kabat Zinn o los estudios de resonancia magnética sobre cerebros de monjes budistas, con  autorización e implicación del Dalai Lama, de Richard Davidson, o los estudios de GolemanPaul Ekman. y tantos otros.

Mindfulness le digo, va mucho más allá de una técnica, una moda, e incluso por su errónea identificación con la meditación budista,  de una religión.  Para mí es ya toda una filosofía de vida. Quizás el concepto sintetiza una evolución vital pero al poner el acento en el aquí y ahora, resume a la perfección mi manera de entender y caminar por la vida. Ir con atención plena, intentando no juzgar y observando todas las cosas con curiosidad,  me permite volver a conectar con mi esencia, esa que perdí cuando crecí y me atiborré de TENGO QUE. La misma que ahora recupero y reconozco.

Algo así me salió. En este punto llevábamos casi la totalidad de la botella de vino, pero había cogido carrerilla así que continué. Para mí, el único TENGO QUE  a cumplir es el deber de ser felices y esa felicidad está en la observación de la vida tal y como es, sin juicios, sin sesgos. Es la aceptación de lo que la vida nos da y más importante, de lo que la vida nos quita. Aceptar no es claudicar, es permitir que las cosas ocurran, observarlas, entrar en la emoción que nos provocan para luego dejarlas marchar.

Para mi todo eso es Mindfulness, explicado desde el corazón de un niño que se reencuentra con otro niño, a pesar de que ambos ya no lo sean, como bien atestigua la botella de vino prácticamente vacía, que yace inerte sobre  la mesa del restaurante.

 

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