La teoría del globo

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Es curioso observar como todo tiene una conexión y una razón de ser. De hecho no creo en las casualidades y sí en las causalidades. La vida nos habla constantemente pero estamos tan dormidos o tan metidos en nuestro funcionamiento autómata, también conocido como mente de mono o DMN (Default mode network) , que no nos paramos a analizar las señales que la vida nos envía. No las interpretamos por más evidentes que éstas sean hasta que es demasiado tarde.

Nos habla nuestro cuerpo, dándonos toques de atención en forma de pequeñas incomodidades, hasta el punto de pararnos con algo más serio, sino hemos atendido a los primeros requerimientos. Nos habla nuestro entorno, nuestra familia, nuestro trabajo, todo, pero estamos tan absortos en nuestro ruido mental que tenemos la capacidad de ver pero no de observar, de oír pero no de escuchar.

A mi me ha costado confiar de esta manera en la vida. No es fácil ya que nos pone a prueba constantemente y acabamos aferrándonos a lo conocido antes de soltarnos y confiar en lo maravilloso que pudiera estar por venir. A lo largo de mi vida profesional y personal he podido testar esta realidad. Hace una década fui a hacer el camino de Santiago, buscando respuestas profesionales y una salida a una situación complicada, ya que la consultora que había creado con otro socio años antes, pasaba por dificultades serias. Volví del camino con el contacto del CEO de una empresa Danesa que luego fue mi casa durante 6 años. Tuve la oportunidad de desarrollar un producto desde cero para España y conocí lo que es un entorno laboral Hygge. Todo ello de una conversación que surge por azar,  aunque no de manera casual sino causal. Ahora rememoro toda esta etapa como un verdadero regalo.

Ayer estuve viendo una película donde una mayor, aunque siempre atractiva, Jane Fonda, vive en Woodstock, manteniéndose fiel al espíritu Hippie. Su hija es una abogada de éxito que no es feliz porque vive atrapada en el resentimiento y la ira. Hacia el final de la película, sueltan el lazo que impide a un globo volar al estar atado a un saco de tierra. Esta psicomagia al más puro estilo del polifacético Alejandro Jodorowski, surte efecto.  La propia trama va ayudando a nuestra irascible abogada a ir entendiendo y comprendiendo, la va ablandando y moldeando, enfrentándola con todas sus creencias, hasta el momento de soltar y liberarse por fin de ese resentimiento que le impedía volar.

Andaba dando vueltas al blog que quería escribir esta semana y con la imagen todavía presente de la película en mi cabeza me topo nuevamente por azar con un artículo en Linkedin sobre la habilidad del liderazgo. En él Hirotaro Higuchi, el CEO que crea la mayor cervecera Japonesa, habla de la teoría del globo. Considera que el impulso natural de todo trabajador es crecer y que la mayor parte de las compañías “atan” a sus trabajadores con infinidad de sacos de arena que les impiden desarrollar todo su potencial. La labor principal del leader por tanto para Higuchi,  es soltar todas las amarras que impiden al globo volar. Para ello debe crear el entorno adecuado,  que facilite el desarrollo profesional de todos los empleados amarrados a sacos de arena.

Mera coincidencia o no, ya tenía tema para mi blog. La metáfora del globo amarrado por sacos de arena, se presentaba nuevamente ante mis ojos con fuerza. Es verdad que el foco inicialmente del post, tal y como lo había conceptualizado, debía girar más en esta idea de liderazgo, pero como decía Picasso “cuando llegue la inspiración que me pille trabajando” así que he empezado a escribir y ha ido pivotando desde conceptos de liderazgo hacia  ésta idea de observar la vida con atención y curiosidad porque nos habla y nos inspira, sólo necesitamos estar activos, preparados y presentes para escucharla. Que la inspiración nos llegue a todos trabajando  o lo que es lo mismo que nos pille estando despiertos y atentos.

Y quiero despedirme hasta después de verano con una cita del libro que ahora mismo estoy leyendo, y que “casualmente” de nuevo al abrirlo ayer, mencionaba la no existencia de casualidades. Incluso lo comparaba con la geometría en la formación del copo de nieve. ¿Puede ser casual que sea tan perfecto? Pues bien dice Neale Donald Walsch en su libro conversaciones con Dios lo siguiente: “Las palabras de la próxima canción que oigas. La información del siguiente artículo que leas. La conversación que cruces casualmente con la próxima persona que te encuentres. O el murmullo del próximo río, el próximo océano, la próxima brisa que acaricie tu oído. Todos estos recuerdos son míos. Te hablaré si me escuchas. Vendré a ti si me invitas. Te mostraré que siempre he estado ahí en todas partes”

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